Uno de los errores más grande que cometemos es que a veces, contestamos demasiado rápido a las personas. Olvidando que solo un necio expresa todos sus pensamientos (Prov. 29:11).

Aquellos que hablan frecuentemente y apresuradamente siempre suelen andar en problemas.

Debemos aprender a hablar y a no decir todo lo que pensamos. Nuestras palabras deben estar cargadas de sabiduría y el principio de esta comienza cuando temes a Dios.

 

Proverbios 8:6-8 declara «Oíd, porque hablaré cosas excelentes, Y abriré mis labios para cosas rectas. Mi boca hablará verdad, y la impiedad abominara mis labios. Justas serán todas las razones de mi boca; y no habrá en ellas cosa perversa ni torcida.»

 

Recuerda tus palabras pueden ser portadoras de la Presencia divina, o un arma mortal. « No todo lo que piensas, necesariamente puede provenir de Dios ».

 

Te invito que hagas esta oración.

Yo declaro en el nombre de Jesús, que soy sabio para hablar, que pongo cerrojo en mis labios cuando sea necesario y que me disciplinaré para hablar. Declaro que por alguna razón, Dios me dio dos oídos y una boca. Por eso, aprendo a escuchar más y a hablar menos. Amen.

 

Que tengas una bendecida semana, y que andes de victoria en victoria. Un abrazo grande.